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Nombrar para humanizar: usar “campesinos”, “familias cultivadoras” o “pequeños cultivadores”. La forma de nominación es el primer paso para cambiar el marco. El mapeo muestra que el uso de términos como “campesinos” o “familias campesinas” les otorga legitimidad como sujetos sociales y políticos, en lugar de criminales. Esta nominación, visible en los relatos del postacuerdo o en la cobertura de la protesta social, es fundamental para enmarcar el problema como un asunto social.

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Invertir la jerarquía de actores: dar prioridad a las voces de las personas cultivadoras. Las narrativas más efectivas para desintoxicar son aquellas que centran los testimonios y las voces de las comunidades. Esto implica citarles directamente, entender sus motivaciones, sus miedos y sus demandas. Al hacerlo, se les saca de la pasividad y se les presenta como sujetos políticos activos que exigen al Estado soluciones.

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Explicar el “por qué”: contextualizar las causas estructurales. Una narrativa responsable no puede silenciar el contexto. Es fundamental explicar las condiciones históricas y materiales que perpetúan los cultivos: el abandono estatal, la crisis agraria, la ausencia de infraestructura (como vías para sacar productos lícitos) y la pobreza. Esto rompe la causalidad simplista y tóxica que culpa a las plantas de la violencia.

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Trazar una línea clara entre el cultivador de subsistencia y otros eslabones. Para combatir la fusión de identidades, se debe separar activamente al campesino del narcotraficante y del actor armado. El mapeo encontró ejemplos claros de esta contra-narrativa, como las declaraciones que distinguen el acto agrícola de la producción o consumo de la sustancia. Esto incluye recoger las narrativas que, como la del gobierno en ciertos momentos, trazan una “línea divisoria” para separar al “campesino cultivador” del “narcotraficante”.

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Encuadrar el tema como un asunto social, económico y de derechos humanos. Se debe evitar el marco de seguridad y criminalización. Las prácticas responsables encuadran el fenómeno como un asunto de “protesta social”, “diálogo” o “desarrollo”. Esto implica reportar las movilizaciones como un ejercicio de demanda política legítima, no como “disturbios” o infiltración, y enfocar las soluciones en la reforma rural y los derechos, no solo en la represión.

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Visibilizar lo invisible: reportar sobre la amapola y otras realidades olvidadas. El documento identifica un “vacío narrativo” en torno a la amapola, lo cual es confirmado por el dominio de la coca en el mapeo mediático. Una comunicación responsable debe buscar activamente romper este silencio, tal como algunas políticas recientes han comenzado a hacerlo.

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En línea con el enfoque interseccional, buscar activamente las voces de mujeres, jóvenes y comunidades étnicas dentro de las economías de cultivo, cuyas realidades suelen ser doblemente silenciadas.